El impresionante muro de La Muela desde el aparcamiento.
En esas horas muertas del descanso
necesario entre pegues, bajo una gran muralla de roca, sentados sobre una
polvorienta piedra, conversamos. A veces reímos y, otras en cambio, nuestras
charlas se vuelven un tanto más serias. Ayer hubo de todo. Los temas se suceden
unos a otros, se solapan, se pisan. No existe ningún guión preestablecido y eso
creo que nos gusta porque nos hace sentir cómodos, sin tener la obligación de
llegar al fondo de ninguna cuestión. No debemos, ni queremos, ni nos apetece arreglar
el mundo. Solo somos escaladores descansando antes de dar un pegue a una vía
dura. Solo damos nuestra opinión, y en muchos casos ésta está perjudicada por
un cerebro que no rinde bien después de una fatigosa escalada de cuarenta
metros.
De entre tantos temas sin sentido de los
que hablamos hay uno que me hace pensar especialmente; por no tener eso mismo,
sentido.
“Los conquistadores de lo inútil” como
diría Lionel Terray. El sentido de subirse por una pared de 35 metros
desplomada, sufriendo, desgastando el físico, luchando contra la gravedad al
mismo tiempo que contra los pensamientos. El sentido de intentar subirte una y
otra vez por esos metros de roca. Y hacerlo sin caer, hasta llegar a la cadena.
Y una vez lo consigue qué ocurre?
- Nada.
-¿Nada?
- Nada.
Nada ocurre más que lo que tú quieras que
ocurra. Las cosas tienen el sentido que
nosotros queramos darle. De hecho, creo, que si hay una cosa por lo que este
fin de semana haya sido especial ha sido por esa hora mágica que tardé en
encadenar mi vía más dura hasta el momento…
Hasta el momento…
Después de dos días de reposo me siento
algo nervioso. Creo que ese nervio, en su justa proporción y medida, es necesario para llevar esa chispa de
motivación para encadenar algo que te resulta realmente duro. Ese nervio es lo
que te da el empujón en ese bloqueo extremo. Si no tienes ese nervio no podrás
sacar todo lo que llevas dentro, no tendrás esa chispa de energía y caerás. En cambio,
si el nervio es excesivo te precipitarás, no respirarás bien y no podrás
controlar esa invasión de pensamientos que te bombardearán durante esa hora que
dura ese definitivo intento y caerás.
El último día que probé la vía pude hacer
el movimiento más duro pero no terminé de agarrar bien esa ínfima regleta
vertical y caí. Mi amigo Enri siempre dice que hay que sacar algo positivo de
cada pegue. En el primero del día noto que no voy caliente, vuelvo a coger esa
regleta pero, como la última vez, no del todo bien y caigo. Normalmente los segundos pegues son
mejores porque me siento bien caliente, siento mis músculos relajados y fogosos
al mismo tiempo, y eso me gusta. Debo concentrarme; pero no en coger la
regleta, sino en que el bloqueo del bidedo anterior a la regleta sea lo suficientemente
bueno para que me permita coger bien ésta. Esa es la clave.
En días anteriores he podido hacer varias
veces la vía con una sola caída. Después de caer en el crux resolvía el paso y
llegaba hasta la cadena. Pero siempre haciendo un derroche enérgico excesivo.
Ahora me sentía fuerte para resolver la secuencia dura entera. Pero, ¿y el
resto?
“Vale Jose, si eres capaz de resolver el
crux entero te vas a quedar muy muy tostado. ¿Cómo vas a encadenar la vía si
siempre que la hacías con una caída llegabas a la cadena con ganas de echar la
primera papilla?”
Ese argumento se me repetía una y otra
vez mientras aseguraba a Nina en su proyecto.
“Joder tío, deja de pensar, escala, dalo
todo, disfruta, escala. Para esto estás aquí. Haz lo que tantas veces haces en
tu mente cuando cierras los ojos cada noche. Coge ese bidedo, gira la muñeca,
clava el pie derecho y bloquea, bloquea a muerte. Bloquea tanto como sea
necesario para coger esa mierda de regleta vertical. Mete el dedo gordo, mueve
pies y estírate hasta la siguiente regleta”.
¡Hecho! ¡Lo he hecho!! Y, ¿ahora qué?
“Ahora escala Jose, sufre, dalo todo… Ahora
no se trata de estar fuerte, ahora se trata de creer, de querer, de esperar, de
estar ahí, en el reposo, respirando, disfrutando, sintiendo la roca, cogiendo
magnesio. Se trata de notar como las pulsaciones bajan y los brazos recuperan. Se
trata de sentir la brisa generosa que mece las dos cintas que te quedan hasta
la gloria. Se trata de estar ahí, presente. Respira, disfruta, saborea el
momento. Escala Jose, escala lo mejor que puedas…”
Hechizao 8a+/b
Imponente la linea de "Hechizado, 8a+/b"
Para mí tiene sentido. Se lo doy cada vez
que cierro los ojos y recuerdo como ese paso no me salía ni habiendo descansado
un rato antes de intentarlo; cada vez que recuerdo esas primeras veces que no
podía intentar la parte de arriba porque no podía hacer ese movimiento; cada
vez que cierro los ojos y recuerdo que una vez que pude hacer el movimiento
creí que encadenarlo, desde abajo, sería algo muy muy duro y difícil. Para mí
sí tiene sentido porque hace un par de semanas lo veía improbable, por no decir
imposible (because impossible is nothing) y ayer pude hacerlo.
El sentido se lo doy por el reto. No porque
haya conquistado nada, ni mucho menos, sino porque he puesto en práctica y he
movilizado todos mis recursos para poder conseguir algo que me motivaba. La motivación
es el motor que hace que las cosas sucedan y los sueños se hagan realidad. Y así
ocurre con todo en la vida. Como dice Javi “yo voy a seguir apretando hasta que
no pueda más”. O, por lo menos, mientras le vaya viendo el sentido…
" Nunca dejes que nadie te diga que
no puedes hacer algo. Ni siquiera yo, ¿vale? Si tienes un sueño, tienes que
protegerlo. Las personas que no son capaces de hacer algo te dirán que tú
tampoco puedes. Si quieres algo ve por ello y punto. " Will Smith
Hu Ha….




